Hay cosas que sencillamente no puden hacerse esperar. Los niños hijos de la violencia colombiana necesitan pasar, a ser posible todos ellos, por un proceso de socialización especial que les enseñe los valores ciudadanos que nunca se aplicraon sobre ellos, la necesidad de un entorno de paz que la vida hasta ahora les ha negado y la tolerancia como base sobre la cual contruir las diferencias. Sin un entorno así dificilmente un niño puede evolucionar favorablemente como ser humano. Este proceso lleva años y, tal y como explicamos en nuestra web y también lo haremos aquí, aunque sea preciso comenzar cuanto antes y abarcar si esposible a toda la población, es una cuestión que precisa de mucho tiempo y gran tenacidad en el empeño.
Sin embargo hay necesidades que no pueden demorarse sin riesgo inmediato. Estos niños de Los Altos de Cazuca, la mayoría hijos de desplazados de la violencia que han llegado a las zonas periféricas más marginales de Bogotá “con una mano delante y una detrás” y que sufren de auténticos desequilibrios mentales ocasionados por las consecuencias de la guerra, no están siendo atendidos siquiera en sus necesidades más inmediatas. Las circunstancias descritas les niegan hasta la nutrición, pues aunque sean cifras poco conocidas, existe la muerte por desnutrición en los estratos más pobres de Colombia. No es sólo, pues, una cuestión de vivir mezclados entre la violencia manifestadas en todas sus formas. Es también una cuestión de alimentación de lo que estos niños y niñas adolecen.
Por cada 5 euros que consiguen nuestra fundación, un niño come un mes en Los Altos de Cazuca. Sí, 5 euros. Sí, todo un mes, o lo que es lo mismo, por cada 0,16 euros diarios.
En el mundo hay muchas necesidades y muchos proyectos bonitos para intentar contribuir a solventarlas. Éste es un intento más. Hay mucha gente esperando agradecerlo.